domingo, 21 de abril de 2019

Inserción de las tecnologías digitales en las escuelas costarricenses: mi historia y la de miles más

Cuando leía el texto de la profesora Bonilla y del profesor Pretto sobre política educativa y cultura digital (Bonilla y Pretto, 2015), inmediatamente me remonté a mi experiencia escolar en Costa Rica; una experiencia que, aunque sea narrada desde mi individualidad, tengo la certeza de que constituye la experiencia de miles de costarricenses que, llenos de ilusión, llegamos con grandes expectativas a nuestras primeras clases de computación en la década de los 90.

Al igual que la mayoría de la población costarricense, yo cursé mi educación primaria y secundaria en el sistema público. En 1995, cuando ingresé al colegio (como llamamos a la secundaria en Costa Rica), todos teníamos la opción de tomar clases de contabilidad y de mecanografía (datilografia); sin embargo, luego de mi primer año en el “cole”, el Ministerio de Educación Pública anunció que iniciaría un “plan piloto” de clases de computación con algunas escuelas y colegios públicos del país, entre ellos, el mío. Esa noticia me llenó de ilusión y, finalmente, tenía una buena razón para asistir al colegio, de alguna forma sentía que eso me pondría por encima del resto de mis iguales.

Recuerdo perfectamente cuando empezaron a acondicionar uno de los salones de las clases de inglés para instalar ahí el laboratorio de cómputo. Todos los días pasábamos durante los recreos para mirar los avances en la obra que nos catapultarían a la modernidad. El día que llegaron las computadoras fue uno de los más emocionantes en la historia del colegio. Profesores y estudiantes salieron a los pasillos para ver cómo descargaban de un camión las computadoras que tanto habíamos esperado. El director del colegio nos convocó a una asamblea en el gimnasio del colegio para decirnos que debíamos estar agradecidos y sentirnos orgullosos porque nuestro colegio sería un ejemplo para la sociedad costarricense.

Y bueno, ahora sí, todo estaba listo, ¡teníamos 20 computadoras nuevas para 2000 estudiantes! La decepción y la desilusión no demoraron en llegar. En cuatro años, ingresé tal vez cuatro veces a ese salón, es decir, en promedio una vez por año. Con grupos (turmas) de 40 estudiantes, debíamos trabajar en parejas o en trío, por lo que recuerdo que solo una vez pude poner mis manos sobre el computador. Había un comprado un disquete (floppy disk) de 1200 kb que nunca llegué a usar y lo que ahí aprendí no pasó de encender el computador. Esta historia estoy seguro de que es la historia de todas las escuelas y colegios que participaron de ese famoso plan piloto.


Entre las dificultades que experimentó el plan piloto, puedo recordar: dificultad para contratar profesores, ausencia de un programa de estudio estructurado, licencias que se vencían y no eran renovadas, daños y fallas en los equipos que no eran reparados o sustituidos, ausencia de conexión a internet, inexistencia de aire acondicionado, espacio físico reducido, equipo limitado y otros de carácter técnico y gubernamental que posiblemente no supe.

Definitivamente, nuestros gobiernos latinoamericanos han usado el discurso de la inserción tecnológica como una estrategia para conquistar votos y ganar la simpatía del pueblo; no obstante, han olvidado que la solución es integral. No importa si damos una computadora a cada estudiante, pues, si esta computadora no viene anclada a una estrategia de desarrollo mayor, tanto ella como nuestros estudiantes acabarán naufragando en el mar del olvido.




domingo, 14 de abril de 2019

Convergencia y nostalgias: una muerte que no llega

"Video killed the radio star
Pictures came and broke your heart"
(El video mató a la estrella de la radio
Las imágenes llegaron y rompieron tu corazón)
-Video Kills the Radio Star, The Buggles


El 1 de agosto de 1981 pasaría a la historia como el día en que MTV salió al aire para transformar la cultura pop de los 80 y redefinir la forma de vivir la música. Su salto a la pequeña pantalla había sido anunciado con bombos y platillos, y su debut lo haría con una de las más emblemáticas canciones de la época: Video Kills the Radio Star, de The Buggles. Una canción que anunciaba la muerte de radio y le daba la bienvenida a la era de los videos musicales. Años después, Trevor Horn, compositor de la canción y líder de la banda, narró en una entrevista que, cuando la compuso, lo hizo con la seguridad de que estaban ante un momento histórico, un momento que acabaría con la radio. En dicha entrevista, afirmó:

“La canción surgió a raíz de la idea de que la tecnología estaba a punto de cambiarlo todo. Acababan de llegar los reproductores de vídeo, lo que había cambiado la vida de la gente. Parecía que la gente comenzaba a hacer vídeos también, y era muy emocionante. Sentía que la radio era el pasado y el vídeo era el futuro" (T. Horn).

Hoy, casi 40 años después, la radio sigue vida y MTV... (MTV no tanto). En su momento, se pensó, ingenuamente, que la llegada de los videos realmente acabaría con la radio. Lo anterior describe ese sentimiento que surge cada vez que aparecen frente a nosotros nuevas mídias. Así entonces, el cassette sería reemplazado por el CD, y el VHS por el DVD, y estos, a su vez, serían reemplazados, finalmente, por formatos digitales integrados en nuestros dispositivos móviles.

No obstante, esta digitalización no ha acabado con los antiguos formatos. Hoy todavía podemos comprar viniles y tornamesas; cassettes y radiograbadoras; teléfonos de disco, entre otros dispositivos. Todos ellos, eso sí, nos son vendidos con una importante dosis de nostalgia. Y es que parece que los actuales mercadólogos han descubierto que, en nosotros los consumidores, la nostalgia es un botón mágico que, si presionan, despierta grandes pasiones. Recuerdo, por ejemplo, el día que una compañera clase compartió en nuestro chat de Whatsapp un mensaje que hablaba sobre cómo eran nuestra vidas en los años 90; todos pasamos "horas" recordando esos tiempos hermosos que hacían nuestra vida ¿más feliz?


Sin embargo, aun con toda esa nostalgia y sentimiento de "volvamos al pasado", la convergencia llegó para quedarse, y todos esos artefactos que hoy nos venden vienen adaptados a ella. Tornamesas con bluetooth; radiograbadoras con conexión de USB, etc. 

En mi caso, la convergencia ha simplificado mi cotidianidad. Desde que salí de la casa de mis padres, hace más de 10 años, no compro un periódico impreso, no tengo una TV, no tengo una radio, no tengo un teléfono fijo y, aun así, me mantengo "conectado". Por otra parte, sigo disfrutando de ir al cine y de leer mis libros en papel. Ante todo este panorama, seguimos teniendo la posibilidad de escoger a la vez que aprovechamos las ventajas que nos ofrecen los avances tecnológicos.





lunes, 8 de abril de 2019

Costa Rica, ¿esencial?




Hace unos días una compañera me decía que, en Costa Rica, solo nos faltaba andar en lianas (al mejor estilo de Tarzán ‒con Chita incluida‒); otra me comentaba cómo, en su país, Costa Rica siempre es un referente obligatorio a la hora de discutir sobre políticas ambientales; hace un par de semanas, mi casero me contó, lleno de asombro y con algo de envidia, que un amigo suyo había visitado Costa Rica y, durante su estadía, vio un volcán en erupción y nadó con ballenas y delfines. Todas esas anécdotas me llevaron a pensar sobre esa imagen verde que existe de mi país, es decir, me hicieron pensar sobre esa narrativa que, discursivamente, ha forjado la identidad de Costa Rica. Dicha identidad, de la que ya los ticos nos hemos apropiado, se resume en el siguiente video:



¿Pero es que acaso Costa Rica es eso? Sí y no. Todo eso está ahí, es real, tienen existencia física y forma parte de nuestro día a día; sin embargo, todo eso convive con la desigualdad, con la injusticia, con las carencias y, por supuesto, con las contradicciones que alimentan cualquier discurso fundamentalista. En Costa Rica, no todos reciclamos; en Costa Rica, no todos somos ecológicos; en Costa Rica, no todos respetamos la diversidad; en Costa Rica, no todos somos pura vida. ¡Pero cuidado! esto no se debe decir en voz alta, puede que alguien fuera de nuestras fronteras nos escuche y decida no ir a nuestro pequeño paraíso tropical.



Este discurso, tan fuerte en nuestro imaginario colectivo, ha sido aprovechado y explotado por el Estado, que, en el 2008, inició un estudio de percepción para construir una marca país (Esencial) con el fin de promover Costa Rica internacionalmente. Según este estudio, realizado a nivel nacional e internacional (79 países), Costa Rica se percibe como un “país verde” con el potencial de ser un modelo mundial; por tanto, en el 2013, se inició un proceso de posicionamiento internacional de la marca en ferias internacionales de comercio y turismo, embajadas y consulados, misiones comerciales y eventos internacionales, como el mundial de fútbol Brasil 2014. (Esencial Costa Rica)


Esta marca, de un éxito impresionante, ha maravillado a miles y decepcionado a otros tantos. Recuerdo que, en el año 2014, fui contratado para ser el maestro de español personal del embajador de Canadá en Costa Rica. Cuando conocí a Tony (el embajador), lleno de emoción, me contó cómo se había enamorado de Costa Rica después de haber visto un anuncio publicitario de “Costa Rica esencial” durante una salida al cine. Fue gracias a este comercial que le pidió a su superior que lo asignara para representar a su país en Costa Rica; sin embargo, con el paso de los meses, esta emoción se fue apagando y pude descubrir en él una gran decepción.

La embajada de Canadá en Costa Rica está ubicada en el corazón de San José. Una ciudad sin grandes atractivos y con una de las peores infraestructuras viales de América Latina. Así entonces, cada día, lo único que Tony conseguía ver eran vehículos, edificios y conductores malhumorados. Ese maravilloso anuncio comercial que había visto en los cines de Canadá no le advirtió que aplicaban restricciones. Las playas paradisiacas, los volcanes, el bosque nuboso, los perezosos y los monos no eran ni serían parte de su entorno y, aunque hizo un gran esfuerzo por disfrutar de todo lo que el país ofrecía, después de dos años decidió regresar a su país, y yo me quedé sin trabajo. De modo que la historia acaba con dos lamentables víctimas de una narrativa mediática con consecuencias nada mediáticas.

De Ivete Sangalo a Maria Helena Bonilla

10 anos atrás, a única pessoa que conhecia de Salvador era Ivete Sangalo, por causa da minhas aulas de português lá na Costa Rica. Naquele m...