Hace unos
días una compañera me decía que, en Costa Rica, solo nos faltaba andar en
lianas (al mejor estilo de Tarzán ‒con Chita incluida‒); otra me comentaba cómo,
en su país, Costa Rica siempre es un referente obligatorio a la hora de
discutir sobre políticas ambientales; hace un par de semanas, mi casero me contó,
lleno de asombro y con algo de envidia, que un amigo suyo había visitado Costa
Rica y, durante su estadía, vio un volcán en erupción y nadó con ballenas y
delfines. Todas esas anécdotas me llevaron a pensar sobre esa imagen verde que
existe de mi país, es decir, me hicieron pensar sobre esa narrativa que,
discursivamente, ha forjado la identidad de Costa Rica. Dicha identidad, de la que ya los ticos nos hemos apropiado, se resume en el
siguiente video:
¿Pero es
que acaso Costa Rica es eso? Sí y no. Todo eso está ahí, es real, tienen
existencia física y forma parte de nuestro día a día; sin embargo, todo eso
convive con la desigualdad, con la injusticia, con las carencias y, por
supuesto, con las contradicciones que alimentan cualquier discurso
fundamentalista. En Costa Rica, no todos reciclamos; en Costa Rica, no todos
somos ecológicos; en Costa Rica, no todos respetamos la diversidad; en Costa
Rica, no todos somos pura vida. ¡Pero cuidado! esto no se debe decir en voz
alta, puede que alguien fuera de nuestras fronteras nos escuche y decida no ir
a nuestro pequeño paraíso tropical.
Este
discurso, tan fuerte en nuestro imaginario colectivo, ha sido aprovechado y
explotado por el Estado, que, en el 2008, inició un estudio de percepción para
construir una marca país (Esencial) con el fin de promover Costa Rica
internacionalmente. Según este estudio,
realizado a nivel nacional e internacional (79 países), Costa Rica se percibe
como un “país verde” con el potencial de ser un modelo mundial; por tanto, en
el 2013, se inició un proceso de posicionamiento internacional de la marca en ferias
internacionales de comercio y turismo, embajadas y consulados, misiones
comerciales y eventos internacionales, como el mundial de fútbol Brasil
2014. (Esencial Costa Rica)
Esta marca,
de un éxito impresionante, ha maravillado a miles y decepcionado a otros tantos.
Recuerdo que, en el año 2014, fui contratado para ser
el maestro de español personal del embajador de Canadá en Costa Rica. Cuando
conocí a Tony (el embajador), lleno de emoción, me contó cómo se había
enamorado de Costa Rica después de haber visto un anuncio publicitario de “Costa
Rica esencial” durante una salida al cine. Fue gracias a este comercial que le
pidió a su superior que lo asignara para representar a su país en Costa Rica;
sin embargo, con el paso de los meses, esta emoción se fue apagando y pude
descubrir en él una gran decepción.
La embajada
de Canadá en Costa Rica está ubicada en el corazón de San José. Una ciudad sin
grandes atractivos y con una de las peores infraestructuras viales de América
Latina. Así entonces, cada día, lo único que Tony conseguía ver eran vehículos,
edificios y conductores malhumorados. Ese maravilloso anuncio comercial que había
visto en los cines de Canadá no le advirtió que aplicaban restricciones. Las
playas paradisiacas, los volcanes, el bosque nuboso, los perezosos y los monos no
eran ni serían parte de su entorno y, aunque hizo un gran esfuerzo por
disfrutar de todo lo que el país ofrecía, después de dos años decidió regresar
a su país, y yo me quedé sin trabajo. De modo que la historia acaba con dos lamentables
víctimas de una narrativa mediática con consecuencias nada mediáticas.
Incrível, mas as narrativas dos vídeos (imagem e texto) me encantaram e me deram vontade de ir conhecer a Costa Rica. Imagino que o turismo lá tenha aumentado um bocado depois que a marca começou a circular. Agora, evidentemente, só se conhece a Costa Rica vivendo em Costa Rica (e o mesmo para qualquer outro país ou lugar), enfrentando todas as contradições que estão presentes no cotidiano do povo, ouvindo as narrativas do sujeito ordinário, e não apenas as oficiais do governo. E devem ser muitas e variadas as narrativas, pois cada um vê, percebe e sente o país a partir de suas próprias experiências, e assim o narra.
ResponderEliminarDavid, ao ler seu relato, pude imaginar exatamente como se sente, pois nosso país, durante muito tempo, apenas era vendido como um paraíso tropical, famoso por suas belas praias, biodiversidade e festas. Mas apenas nós sabíamos que essa narrativa não contemplava a realidade brasileira. Belo texto!
ResponderEliminarMas também não posso deixar de elogiar as imagens de Costa Rica. O vídeo é, de fato, encantador.
Exato. Acho que a chave está em reconhecer que o nossos paises são isso que eles vendem, ao menos têm esse potencial, mas não devemos esquecer que com tudo isso co-existem enormes problemas que devem ser abodordados.
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